Volver al inicio

Relato erótico: Encuentro con un Súcubo

Ángel Triosa se levantaba maldiciendo el lunes por la mañana. Su liturgia privada del primer día de la semana empezaba siempre con un:
–Me cago en el puto lunes.
Después iba como un zombie por el pasillo de su casa hasta llegar al baño, apenas se tenía en pie pero podía encender el interruptor de la luz sin siquiera mirarlo. Si bien no era gran cosa, por la mañana recién levantado, Ángel era una verdadera pena de hombre. Debido al fin de semana sus ojeras grises parecían formar profundos surcos bajo sus ojos hinchados. En el costado izquierdo del pecho, la marca de su mano derecha indicaba como había dormido en la cama. Si eso no era suficiente, su pelo en punta en el lado izquierdo, sudado y pegajoso aún daba más pistas. Estaba delgado, pero en el torso asomaba una incipiente barriga provocada por el sedentarismo que le daba un aspecto abotijado. Cada mañana acercaba su mano a la boca y soltaba una bocanada de aire que al olerlo le daba auténtico asco. Su aliento matutino era nauseabundo.
–Joder, que peste.
Acto seguido cogía el cepillo de dientes lo untaba de pasta dentífrica y se lo introducía en la boca. Una vez tenía los dientes bien limpios miraba el reloj que tenía en el baño. Si era pronto se daba una ducha, pero en lunes nunca era pronto. Se lavaba la cara y se suministraba una buena dosis de desodorante Byly en spray. Se olía…
–Perfecto.
Y se daba el visto bueno para continuar con las tareas matutinas. Si Ángel no tenía muchas ganas de pensar se ponía lo mismo que había llevado el día anterior. Por las mañanas nunca tenía ganas de pensar. Calzoncillos, pantalones, camiseta, calcetines blancos y zapatillas deportivas; por ese orden. Después se embadurnaba en Aqua Velva, regalo de su abuela y ya estaba preparado para salir por la puerta. Como era previsor, Ángel Triosa dejaba siempre su bolsa de trabajo delante de la puerta de salida, o la veía o se daba de bruces contra el suelo para no olvidarla. Por suerte para él, ese día la había visto.
–Coño, que frío.
Llevaba unos minutos conduciendo su Vespino por la Carretera Real para tomar la Autopista que le conducía al trabajo cuando vio a la primera mujer del día.
–Vaya tetas.
Ángel Triosa era adicto al sexo. No pasaba un día que no se masturbara y no pasaban más de cinco minutos sin que, por su cabeza enferma, tuviera un pensamiento pornográfico.
–Menuda cubana podría hacerme esa pava.
De camino al trabajo iba recordando el último video de Porntube, su último momento de intimidad. Entre pensamiento y pensamiento llegó a su trabajo. Ángel era el encargado de grifería del Leroy Merlin en el centro comercial de Sant Boi. Aparcaba todo lo cerca que podía de la entrada de servicio y rápido iba a tomarse un café. Tenía muy buena relación con todos, con todos los hombres se sobreentiende. Con ellos compartía todo tipo de opiniones de compañeras, clientas, periodistas televisivas o actrices de cine. Guardaba una escrupulosa lista de preferencias para cada una de las categorías. En lo más alto de la pirámide se encontraba Jessica Alba.
–La mujer perfecta.
Solía decir cuando hablaba de ella. Pero no tenía muchos remilgos y a poco le hacía ascos. Recordaba con gran estima a la chica que atendía en el videoclub, la que le vendía la fruta, una conductora de autobús que vio una vez, en fin… la lista era interminable. Incluso hablaba grandezas del trasero de su hermana.
–Mi hermana tiene un culo para comerse hasta los pelos.
Después del café, él y los compañeros que estuvieron ahí iban al vestidor para ponerse el uniforme. Dentro de su taquilla, mientras se vestía, podía deleitarse con una postal de Tera Patrick, dos fotos de Silvia Saint y la portada de un DVD de Jesse Jane.
–Jesse Jane es la actriz más guarra que hay y habrá jamás después de Chasey Lane.
Angél Triosa era un erudito del video porno. Tenía una gran colección de cintas VHS y un par de DVDes. No se compró más por qué enseguida dio con el paraíso en la Tierra para gente como él: Internet.
–Internet es la puta locura, ¡Internet puede dejarte seco!
Su navegador Firefox, estaba preparado para abrir sus páginas favoritas en cuanto llegaba a casa y se ponía a navegar: Porntube, Orgasmatrix, Megarotic, Shufuni. Todo porno, todo gratis. En cuanto empezaba a trabajar, lo primero que hacía era ir a las cajas. Ahí estaba Sara.
–La más tremenda de las cajeras de Sant Boi.
Sara tenía unas caderas voluptuosas y unos pechos turgentes, o como diría Ángel:
–Una trompeta de escándalo y unas tetas de aupa.
Y es que Ángel no era ningún lumbrera. Le gustaban las cosas directas, como el sexo en Internet. Sin palabras rimbombantes, sin estrategias, sin ligar.
–¿Follas?
Muchas veces era eso todo lo que era capaz de decirle a una chica que le gustaba. Si le interesaba mucho, entonces intentaba ser gracioso.
–Si dejo que me chupes la polla, ¿sabrías agradecérmelo?
Cualquier mujer diría que Ángel era un auténtico crápula y muy pocas, por no decir ninguna en los últimos cinco meses, habían sucumbido a sus aptitudes para las relaciones públicas. Cada día, iba a la caja donde estaba Sara, y cada día le decía lo mismo.
–Sara, ¿has visto lo último en grifos pesados?
–Para pesado tú, gilipollas.
Solía responder. Después de aquello Ángel se iba a su sección y esperaba la primera tanda de clientas. Solía ir catalogándolas según las veía. Estaba la MQMF, la cinturón, la gamba, la premens… y cuando se aburría las seleccionaba por sus posibles cualidades en la cama.
–A esa la ponía yo a cuatro patas.
Pero también estaba la Blowjob, la Anal o la Dómina, por poner unos ejemplos.
Así pasaba la mañana Ángel Triosa. A veces, si conseguía ver lo que él solía llamar:
–Portada de Penthouse.
Iba a los servicios para empleados y se pasaba ahí un rato, encerrado en uno de los escusados. Al mediodía paraba para comer y entre risas recordaba con los compañeros lo mejor de la mañana. La tarde no era mucho más diferente y entre pitos y flautas o entre…
–tetas y culos.
Como prefería decir él, terminaba el día laboral. Aquel lunes Ángel Triosa estaba especialmente contento. El día había sido fructífero, no en ventas, claro, era uno de los peores vendedores del Leroy Merlín de Sant Boi. Aquel día había visto a trece MQMF, siete cinturones, veintitrés gambas e incluso una portada de Penthouse, con la consiguiente peregrinación al servicio para empleados. Sabía que en cuanto llegara a casa se tendería en la cama y se haría un homenaje recordando a todas aquellas mujeres.
–Pedazo de paja que me voy a hacer.
Ángel llegaba tarde a casa. Ya eran las diez y media de la noche y por fin enfilaba la Calle de la Alegría de Esplugues de Llobregat. Entró en casa.
–Joder, ya era hora.
Se quitó la camiseta, fue a la nevera, abrió una lata de coca-cola y metió una pizza en el microondas. Cenó viendo CSI en Tele5.
–Joder, que buena está la Catherine, le daba lo suyo con todo lo gordo.
Decía mientras se rascaba los testículos. Empezaba a estar cansado, cómodo e inquieto. Así que se levantó apagó el televisor, echó una buena meada y condujo sus pasos al dormitorio.
–Bueeeno, ya estamos aquí.
Ángel Triosa se quitó los pantalones y los calzoncillos y se tendió en la cama. Empezó a tocarse y comenzó a recordar a todas las mujeres que había visto durante el día.
–Joder…
Solía pensar que Internet le había licuado el cerebro y lo había capado de una forma figurativa en cuanto a la imaginación se refiere. Le costaba mucho fantasear.
–Con lo que yo había inventado de joven.
Cerró los ojos con fuerza, se concentró, se concentró mucho y de repente… notó unos labios en sus labios. Un beso.
–¿Qué coño?
Ahí estaba ella, Sara, encima de él. Besándole.
–Calla –le decía– disfruta –le susurraba.
Angel notaba su polla a punto de reventar, gigante, estoica, como jamás la había tenido. Seguía tocándose, pero cuando las manos de Sara llegaron a su miembro, ya no hizo falta. Se puso cómodo.
–Joder, que bueno es esto.
La chica siguió bajando y besó su falo palpitante, luego lo introdujo en la boca. Ángel sufrió una descarga de placer, sus pelos se erizaron y su cuello se tensionó, obligándole a mirar hacia arriba, como un latigazo en la espalda. Cuando volvió en si, llevó sus ojos de nuevo al estupendo trabajo que le estaban practicando.
–¡Joder! ¡Me cago en la puta!
Sara había desaparecido. En su lugar, la chica del videoclub le succionaba el rabo con fuerza. Ángel estaba fascinado, mareado, apenas podía mantener la cabeza erguida para mirar hacia su cintura y la dejó caer. Se dejó llevar por el increíble placer que estaba sintiendo. De repente, en pleno éxtasis, pudo notar como varias manos recorrían su cuerpo, acariciándolo, agarrándolo. Abrió los ojos.
–Oh, mierda, joder… que bueno.
Ángel veía como la portada de Penthouse del día le estaba chupando la polla, mientras sus cinco brazos lo acariciaban por todos lados, sentía dos lenguas lamiéndole el glande, otra bailando sobre sus huevos. No podía entender que ocurría, pero tampoco podía hacer nada. El placer era tan intenso que las piernas le temblaban.
–Oooh, Dios, oooh, Dios.
Cuando parecía que iba a llegar el gran momento. Ángel fijó su mirada en su cintura. No sabía quien se la estaba chupando. Primero era Tera Patrick, después Chasey Lane fusionada con una MQMF con siete brazos, y tres pares de lenguas. Después su hermana, y finalmente cuando estaba a punto de soltar toda su leche se vio a si mismo succionando sin cesar.
–Oooooh, Diooooooooooooos!!!
El subidón fue tan intenso que todo su cuerpo se tensionó como si hubiera recibido una descarga de diez mil voltios, ya nada tenía sentido para él. Estaba flotando y de repente, en su cabeza, escuchó un pensamiento de la voz femenina más dulce que jamás hubiera escuchado.
–Una finísima línea es la que divide el placer del dolor.
De repente sintió una punzada terrible en el bajo vientre, como si le arrancaran el alma. Abrió los ojos y delante de él vio a un monstruo enorme. Un demonio gigante con las alas traslucidas y los brazos fibrosos en alto. Su cabeza miraba hacia arriba, como si compartiera el placer que Ángel acaba de tener. Tenía dos astas enormes, imponentes. De su boca emanaba sangre y esperma por igual. Tenía cuatro pares de pechos y todo su cuerpo quemado estaba repleto de marcas de arañazos, cortes y mutilaciones. Sangraba sin parar. El animal demoníaco gritó y luego miró fijamente a Ángel que quedó hechizado por la belleza de sus ojos, jamás había visto nada tan hermoso y aún sin su miembro, al que tanto amaba por encima de todo, volvió a correrse y sintió su cabeza estallar de placer.
A los pocos minutos llegó la policía alertada por los vecinos del inmueble. Abrieron la puerta con un ariete y se encontraron a Ángel, tendido en la cama, con su cuerpo retorcido, los ojos quemados y un enorme charco de sangre. Su cuerpo había sido mutilado, y la verga no aparecía por ningún lado. Llegaron los sanitarios. Todo el mundo que veía a Ángel coincidía en lo mismo, jamás habían visto una expresión semejante. Algunos vecinos dijeron a la policía que habían escuchado gritos de terror, otros dijeron que habían oído gemidos de placer, todos se pusieron de acuerdo en el alarido monstruoso que terminó con el ruido. Dos días más tarde, el doctor Félix terminaba su autopsia a la vez que recibió la visita del detective García, que llevaba el caso.
–Y bien, que puede decirme del cuerpo.
–Puedo decirle que tiene varios huesos rotos. Esos huesos se rompieron por la fuerza que hicieron sus músculos al contraerse. –Respondió el forense.
–¿Y como es posible eso?
–No lo sé. –Respondió el doctor–. De la misma manera que no tengo idea de por qué sus ojos se quemaron, o de por qué tiene este rictus en su cuerpo y en su rostro. Jamás había visto esa cara, ni en un vivo, ni en un muerto.
–¿Y de su polla sabemos algo, doctor?
–Pues no, tampoco. Pero eso debería preguntárselo yo, ya que es usted el detective. Sin embargo, ya que no la ha encontrado quizá debería ayudarme a encontrar otra cosa que le falta al sujeto.
–¿Y que es?
–Su hipotálamo –respondió del doctor.
–¿Y que es? –el detective García no había cambiado un ápice su cara de asombro.
–Pues para que usted me entienda, jefe… le diré que es la polla del cerebro.
–Y… ¿se sabe de que ha muerto?
–No tengo ni la menor idea –el forense se sujetaba el mentón– pero si tuviera que inventar algo diría que este Ángel se encontró con el mismísimo Diablo.

Autor: Isarn

06.24.2010 | Concurso de relatos, Relatos | Escrito por:

| Más

Deja una respuesta