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Relato erótico: En mil palabras, cena para dos…

20.11 horas. “Ya salgo del trabajo. Espérame vestida, pero no de cualquier manera. Sorpréndeme”.

La cita era para cenar en su casa a las nueve menos cuarto y ella lo tenía ya todo preparado.

20.13. “Entra sin llamar. La puerta está abierta. Te espero en el salón”, le contestó ella.

Ella le había hecho caso y lo esperaba vestida de la mejor forma que deseaba recibirlo, sólo con un inmenso collar de perlas y una delicada liga de encaje por vestido. Las uñas y los labios pintados de carmín intenso, gotas de fragancia en el cuello y en las ingles, y su pubis levemente rasurado como únicos complementos necesarios.

Lo esperaba sentada en un sillón del salón, con una copa de cava frío junto a ella. El tacto de la piel del sillón en su cuerpo desnudo aumentaba su excitación. Las perlas acariciaban y cosquilleaban juguetonas por sus pechos rozando los pezones en cada movimiento de su cuerpo además del vello y los labios de su vagina. Sus dedos, curiosos, repicaban a ratos con sus yemas los caracolillos de pelo de su pubis, mientras sus uñas afiladas acompañaban las cosquillas apretando intermitentemente alrededor de su clítoris multiplicando su placer. La humedad de su cuerpo emanaba y resbalaba en finas gotas de rocío por su cuello y su espalda dibujado formas aleatorias y caprichosas.

20.17. “No creo que pueda esperar mucho más”. Insistió ella con un nuevo mensaje.

Saboreaba lentamente la copa de cava, acariciando con suavidad su fuente de calor intenso, de excitación desbordada, con la intención de mantener el clímax hasta su llegada.

20.23. “Estoy muy excitada. El cava está frio, la habitación caliente, mi corazón latiendo y mi coño… ardiendo”, le volvió a escribir.

Sus jugos manchaban las teclas del teléfono. Se entretuvo un instante a oler sus dedos, húmedos y pegajosos, que olían a hembra y a deseo carnal. Se distrajo levantando su cabello para refrescarse el cuello y separar su cuerpo del contacto de la piel del sillón. La perlas seguían haciendo su trabajo con sus movimientos. Ardía en su interior y ya quedaba poco para su deseado encuentro.

Lo tenía todo preparado. Esperaba ver la reacción de su cara al recibirlo así. Esta iba a ser su primera cita y ambos sabían que ella no era de segundas citas. Todo debía salir conforme a lo que esperaba obtener de él pues no esperaba tener otra oportunidad. Era lo pactado.

Eran conocidos desde hace tiempo, por temas laborales, y ella fue la que tomó la iniciativa. Lo invitó a cenar a su casa tras intercambiar unos mensajes directos por mail y más tarde por teléfono. Le excitaba la seguridad que veía en él como profesional. Le atraía lo bien que le sentaba el traje de chaqueta y corbata y su look elegante y serio de ejecutivo cercano a los cuarenta. Siempre bien vestido, atlético, deportista, educado, guapo y, además, todo un caballero.

Había soñado muchas veces con este encuentro. Ella sabía cómo tratar a los hombres que le interesaban pues no necesitaba complicarse con ninguno. Tenía su vida solucionada con un buen puesto de trabajo en una importante empresa. Ella siempre decidía y ese era por ahora su rol.

Siguió bebiendo de su copa pensando en qué cara pondría y cómo reaccionaría al verla así, directa, segura de sí misma, poderosa y valiente. Deseaba con locura tenerlo frente a él y acercar sus labios a la cremallera de su pantalón. Recibir su cuerpo con su boca, acariciar el bulto oculto tras la tela. Liberar su verga, y así, ella desnuda y él vestido, tal y como lo veía en el trabajo, mamársela lentamente, con delicadeza, sintiéndola crecer en su boca, hasta dejarla cubierta del color de su carmín sobre su piel.

Le excitaba la sensación de poder absoluto que le provocaba chupársela a los hombres. Tomar su más preciado tesoro, dominar la situación y someterlos a voluntad hasta hacerlos gemir y jadear por ella. Por sus placeres y habilidades aprendidos en largas y numerosas batallas. Fantaseaba con la posibilidad de que si hubiera nacido hombre qué habría sido de ella.

Le había llevado su tiempo tenerlo todo a punto. La receta era sencilla: Un baño relajante de agua caliente, la fragancia del jabón que más le gustaba y unas gotas de perfume como aderezo, una copa de cava para entrar en calor y el conveniente tratamiento posterior a base de caricias para no dejar que el alimento se enfriara y terminara cocinándose en su salsa… le gustaba cocinar… en este caso cocinarse, para él.

El menú ya estaba decidido. Ella iba a ser el plato principal, servida caliente, en sus propios jugos, sobre la mesa del salón y regada con un poco de cava frío sobre su coño, justo al momento de servirlo… Su verga iba a servir de delicioso aperitivo, previo a la comida, justo lo necesario para abrir el apetito y sólo faltaba preparar el postre, que, en este caso, si hacía un buen trabajo como restauradora no iba a ser muy difícil obtener. Ésta parte es la que más le interesaba de la cena y el reto de la velada: disfrutar y saborear la ambrosía de su cuerpo, del néctar recién hecho, vertido y servido dulce y caliente directamente sobre su boca…

Pocas cosas le provocaban más placer que el disfrutar de los placeres de la comida y el sexo, gula y lujuria, y si ambas se podían realizar a la vez, mucho mejor…

Faltan cinco minutos sólo para la cita y se oye un ruido de ascensor, la puerta se cierra con un sonoro golpe, unos pasos que se hacen eternos se aproximan hasta la puerta de su piso. Se detienen antes de entrar. “No pierdas el tiempo y entra rápido que no puedo aguantar más” piensa ella mientras su corazón repica como un tambor en el fragor de la batalla. Una sombra en el pasillo a oscuras se acerca nerviosa y lenta hasta la luz del salón.

La cena estaba servida…

Autor: Tristán | Web: http://narradortristan.blogspot.com

06.10.2010 | Concurso de relatos, Relatos | Escrito por:

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Comentarios (2)

 

  1. @intensivegirl dice:

    Me encanta este relato para mí el mejor.

  2. Tristán dice:

    Muchas gracias @intensivegirl por el comentario.
    Si te ha gustado el relato te animo a que visites mi blog. Hace un tiempo que no escribo nada pero es sólo por falta de tiempo.
    Saludos y gracias a los administradores por permitirme participar.
    Tristán..

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