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Relato erótico: Con canción incluida

Ya es medio día con catorce minutos. El sol se filtra con fuerza por la ventana y las sábanas arrugadas me repulsan.
Quiero seguir acostado sin sueño, pretender que el ritmo del mundo no me importa, sin prestar demasiada atención a lo que sucede afuera.

Escucho mi teléfono celular repicar muchas veces. Me levanto con rabia para contestar y me tropiezo con unos zapatos -¡mierda!
– ¿aló?-
– Hola, ¿cómo estás?- me saluda una voz familiar al otro lado.

Fijo una cita. Bueno, en realidad es ella quien me propone un lugar y hora de encuentro, yo sólo acepto conforme. Ahora debo irme a bañar y cambiarme de ropa.

En la ducha me quedo bajo el chorro de agua frío, una sensación de alivio me reconforta, y (apertura de clarinete y chirimía) “una gota de agua, una noche, una luna nueva me hace recordar, siendo tú la mujer más divina fantasía que Dios un día hizo realidad… (PAM, PAM) Con tanto sentimiento acumulado, y con el corazón aquí guardao (PAM PAM)… yo te tuve que vení a cantá”

Pienso en ella…

Me miro el cuerpo reflejado en el espejo al lado del lavamanos, se hace evidente mi necesidad de abdominales, pero creo que no me veo del todo mal. Sonrío porque sí. El ritual de vestirme finaliza. Debo irme.

Atravieso una calle llena de escombros, y una más, contaminada visualmente por negocios y gente alborotada que grita ofreciendo cosas. Estoy a dos cuadras del lugar de encuentro. Me siento y espero. Pasa media hora, ya me quiero ir.

Sin que lo note, llega del otro lado de la acera, envuelta en tranquilidad y sonrisas. Como otras veces me pellizca una mejilla y me besa en la boca. Su perfume fresco me invade.

No me demoro en reclamar por su tardanza, para después elogiar su belleza. La tomo de la mano y la llevo como si pudiera flotar.

Su voz se apodera de mis sentidos, la huelo, la escucho, la puedo tocar en sus matices, la veo moverse coqueta y meterse por mis pantalones. Puedo ver por entre su escote tímido el asomo de sus pequeños pechos redondos, que me provoca apretarlos suave entre las manos.

Llegamos a un lugar que a ella le gusta por la música alegre y la brisa puntual.

Una ronda de cervezas me enciende la imaginación. Está desnuda en mi mente, mientras me pide que la bese y la descubra tranquilo.

Sentados en la mesa, reímos y seguimos tomando.

De pronto, me descubro soñando que acaricio su espalda, sus piernas me atrapan y soy su víctima. Sus labios se vuelven viajeros de mi piel, que besan y succionan. Me retuerzo sin remedio como quien empieza a morir, sus ojos me miran satisfechos, ha logrado su cometido.
Me abalanzo sobre su cuerpo bañado en sudor y con mi lengua recorro las líneas transparentes dibujadas. No habla, parece musitar apenas un quejido y se arquea sobre sí arañándome la espalda. La penetro mientras sujeto sus piernas por encima de mis hombros. Ríe a carcajadas, un escalofrío recorre mi entrepierna y caigo rendido sobre su abdomen caliente.

– ¿Otra ronda de cerveza?
– Bueno…

Se hace tarde y ella debe irse. Sus piernas cruzadas por debajo de la falda, me hacen querer perderme ahora por la breve comisura que me impide ver más.

Autora: Giovanna Vinasco

06.2.2010 | Concurso de relatos, Relatos | Escrito por:

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