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Relato erótico: Vainilla

Me tapó la cabeza con un paño húmedo, olía a plantas aromáticas, la humedad de la sauna de la que acababa de salir se notaba en el ambiente, y la música de piano suave relajaba la estancia.

Un aroma a vainilla endulzaba el ambiente y me hacía relamer mis labios en busca de ese sabor.

Estirado en aquella camilla, boca abajo, desnudo, tan sólo tapado con una gran toalla, disfrutando del regalo que me había hecho ella. Aquella era nuestra primera cita, pero estaba seguro que no sería la última, una mujer para disfrutar.

– Relájate Jordi, y disfruta de las sensaciones.
– Mmmm, si, más…

Acabábamos de hacer el amor en la sauna, desnudos, sobre las toallas, ella sobre mi, abrazada y cabalgándome, me ofrecía una vista fabulosa, mi polla entrando y saliendo de su coño rasurado, sus piernas abiertas a mi alrededor, sus preciosos y grandes pechos ante mi, sosteniendo los pezones durísimos por la excitación, sus brazos apoyados a lado y lado, y su cabeza echada atrás tomando respiración. Movía sus caderas arriba y abajo, al principio suavemente, para pasar a unos movimientos bruscos que me hacían notar el fondo de su cueva. En escasos minutos consiguió de mi un orgasmo intenso, acompañado del suyo que quemó mi sexo, colgó sus manos en mi espalda y sus labios sobre los míos.

Recordaba ese orgasmo, sus miradas, su forma de moverse ansiosa, como si fuera el último polvo de su vida, seguía excitado, con una erección presa entre la camilla y yo.

Apartó la toalla.

Sentí algo en mi espalda, un líquido caliente que me estremeció, luego sus manos masajeando, rozando mi piel, suavemente, los hombros, pasando por mi nuca y mi cabeza donde se detuvo un poco más, la piel erizada, bajó hasta mi cintura, apretando, hundiendo sus nudillos en mi carne, frotando de la columna hacia mis homoplatos.

Resoplé, sus manos bajaron a mis nalgas, apretándolas, mordiéndolas, volviendo a apretarlas, abriéndolas, soplando, provocando que me levantara ligeramente para sentir sus dedos acariciarme, bajó por mis piernas, sin dejar de masajear hasta mis pies, los levantó, primero uno, luego el otro, manipulándolos, estirando mis dedos… genial.

– Date la vuelta.

Eso hice, se me cayó la toalla de la cabeza, de repente apareció mi tranca empalmada, hinchada, con las venas marcadas, entre nosotros, no le hizo caso, tan sólo un “ups!”.

Volvió a dejar caer la crema sobre mis piernas, ahora subiendo, desde mis tobillos hasta las rodillas, luego el interior de mis muslos, rozando mis testículos, sin tocarlos expresamente, pasó por mi pubis depilado, mi cintura, poco a poco por mis abdominales, mi pecho donde se entretuvo bien frotándome, mis hombros y acabó en mi cara, las mejillas, las cejas, la frente, el cuero cabelludo, de nuevo mi cuello, bajo mis orejas, estirando mi cabeza como para sacármela de su sitio. Crujió.

– Que relax.
– Aún queda más, lo mejor.

Fue a la mesa, cogió una especie de pincel, otra toalla húmeda y volvió a taparme la cara, ahora era todo vainilla, todo dulce, todo deseo.

Noté ese pincel en mis labios, mi nariz, un beso suyo. De repente nada, escuché abrir un recipiente de cristal, nada, ni un movimiento en instantes…. Un roca en mi pubis, bajando por la base de mi cipote, subiendo hasta el glande, amanecido con mi prepucio pelado, pasando ese pincel (supuse) por debajo de mi polla, bajando de nuevo hasta la base, acariciendo mis testículos, rozando nuevamente arriba hasta mi capullo, así durante largo rato.

Mi mano acariciaba su piel, su cintura, su cadera desnuda, volvía a estar excitado, me estremecía, me retorcía al sentir escalofrío en mi sexo, estaba durísimo, empalmadísimo, notaba como mis testículos se apretaban, se llenaban de esencia, que querían emanar.

Volví a notar esa puntita rozarme, de nuevo el labio, para bajar en seguida a mi polla, volver a juguetear por mi sensible piel inferior, por la puntita, el agujerito, los huevos, volver al capullo, insistiendo en él, notando como mi cadera se elevaba, abriendo mis piernas, ofreciéndole zonas sensibles para su roce, notando como el orgasmo no tardaría en llegar, me reía, estaba a punto de correrme simplemente con roces.

Tragué saliva, el intenso sabor de la vainilla inundó mi paladar, todo era vainilla, todo, cosquillas escitantes en mi ano, bajo mis testículos, en ellos, en la base de mi polla erecta, subiendo poco a poco hasta al punta, milimétricamente vibrando en mi capullo, apreté sus nalgas con mi mano como si la estuviera penetrando, con la otra me sujeté fuertemente al borde de la camilla…. Exploté sobre mi vientre, encima de mi pecho, salpiqué mi cara tapada a medias, mis labios, mi cuello, una corrida intensa, sin sexo, tan sólo con sus roce, con sus caricias, y esa vainilla que tenía algo….

Así comenzó esa cita que ella preparó, que siguió con una cena entre cojines y velas, fue la primera que tuvimos, y que sin duda no sería la última.

Autor: Jordi | Web: http://losrelatos.blogspot.com

05.31.2010 | Concurso de relatos, Relatos | Escrito por:

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